Hay días en que la Región Metropolitana parece un tablero en movimiento: ascensores que suben y bajan, galpones que vibran, gente que va y viene. En medio de ese ritmo, unos ojos azulados se soma por la puerta, ¡el Viejito Pascuero!. Su presencia con su traje y barba blanquita hace algo simple y poderoso: una pausa breve que cambia el aire del lugar de trabajo

La primera vez que entramos a una planta como Polydeck, lo entendimos de inmediato. El recorrido es siempre un dibujo en el mapa: galpón por galpón, línea por línea. El Viejito saluda, alguien se ríe fuerte, otro pide la foto que irá al grupo de WhatsApp, aparecen los bastones de caramelo y, por unos minutos contados, la faena respira distinto. No son más de 15 minutos por sector: lo justo para abrazar, sonreír, hacer la foto y seguir. Lo que viene después también nos gusta: cada persona vuelve a su puesto con un ánimo distinto.
Con el tiempo, vimos que ese formato exprés también funciona en edificios de oficinas. Ahí el recorrido es vertical: planta por planta, box por box. Dos o tres minutos en cada escritorio alcanzan para un chiste, una carcajada, un saludo y una foto. No se trata de detener la jornada, sino de entrar y salir sin hacer ruido, dejando una estela de risas chiquitas. La magia está en la medida: 1 a 2 horas en total por empresa, según el tamaño del equipo, coordinados con alguien de RR.HH. y con una asistente navideña que va marcando los tiempos y abriendo camino.

Entre esas rutas hay hitos que recordamos con cariño. Uno fue el Servicio Médico Legal: pasillos largos, equipos concentrados, turnos apretados. Repetimos el mismo ballet: saludo breve, foto, bastón de caramelo y avance. En la galería de imágenes quedó grabada esa mezcla de asombro y ternura que aparece cuando el Viejito cruza la esquina.
Con los años, las solicitudes han ido creciendo. Tal vez porque diciembre aprieta; tal vez porque estos micro encuentros bien pensados y cortos recargan energía y ayudan a respirar en días intensos. La evidencia sobre micro-pausas en el trabajo apunta a lo mismo: descansos breves y estructurados pueden aumentar el vigor y reducir la fatiga, sin necesidad de grandes paradas. Lo nuestro es una versión con gorro rojo y campanitas.
También aprendimos algo que parece obvio, pero no siempre sucede: el reconocimiento funciona cuando es auténtico y cercano. A veces es una palabra al pasar, un “gracias por lo de ayer”, una foto con el jefe que nadie esperaba. Es pequeño, es simbólico, y conecta.
En fábricas, en oficinas, en instituciones públicas, la visita del Viejito Pascuero se volvió una coreografía de simples pasos: entrar, saludar, sonreír, entregar un detalle y seguir. No hay discursos largos ni shows a todo volumen. Hay tiempos cortos, logística liviana y ese momento en el que un equipo se mira y se reconoce entre risas. Y entonces volvemos al ascensor, o cruzamos al siguiente galpón, y la ciudad sigue. Pero algo se quedó.
Si llegaste hasta aquí porque estás pensando en una visita del Viejito Pascuero a tu empresa, feliz de contarte más sobre cómo armamos estos recorridos en la RM y qué hemos aprendido en el camino. Puedes escribirnos acá: escríbenos a viejito@pascuero.cl o hacer clic en botón de abajo


