La llamada llegó a fines de noviembre. Desde la Ilustre Municipalidad de Lo Prado buscaban algo que marcara la temporada: un árbol de Navidad de 8 metros más la estrella, casi 10 metros en total, para el hall principal y un encendido nocturno abierto a las familias de la comuna. Era la primera vez que instalaban un árbol de esa magnitud ahí.
La visita técnica
Entramos al hall con cinta métrica y croquis. Verificamos altura libre, puntos de anclaje, rutas de acceso para la carga y la alimentación eléctrica. El espacio pedía un árbol que se viera limpio y esbelto desde todos los ángulos. Decidimos usar una estructura cónica modular: firme, de armado por tramos, con guirnaldas LED y estrella superior.
El plan
Trazamos el montaje en etapas: base y contrapesos; estructura hasta media altura; electricidad y pruebas parciales; y finalmente, los tramos superiores con grúa pluma. Nada improvisado: checklist de tornillería, distribución de peso, puntos de amarre y pruebas de continuidad eléctrica en cada avance. Para nosotros, un árbol gigante es escenografía + ingeniería.
Montaje

Llegamos temprano con el equipo de montaje, y señalética. El hall estaba vivo: tránsito de funcionarios, consultas, miradas curiosas. Anivelamos la base, aseguramos contrapesos y fijaciones, y levantamos los primeros tramos. A media tarde el cono ya tenía forma; hicimos la primera prueba de luces: encendió sin parpadeos. Seguimos con la malla de guirnaldas y la distribución de esferas. Cerramos el día con una revisión de aprietes y cableado.
Grúa y estrella
La grúa pluma entró puntual. Coordinamos radios, gestos, alturas y “stop” a centímetros del tope. Colocar la estrella siempre tiene algo ceremonial: el silencio tenso de los que miran hacia arriba y el “ahí, ahí… ¡ahí!” cuando todo encaja. Una segunda prueba eléctrica y quedó listo para la noche.

La noche del encendido

Familias, niños en los hombros, celulares preparados. Las autoridades dieron la bienvenida. Hicimos la cuenta regresiva. 3, 2, 1… y el árbol gigante se encendió. El hall cambió de aire: luces, reflejos y un punto de encuentro inmediato para las fotos. No hizo falta decir mucho; la gente ocupó el espacio y lo volvió suyo. Para el equipo fue un momento simple y contundente: valió la pena cada ajuste fino.
Navidad diferente
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